NESTOR GARCIA CANCLINI
 

Carteras y corsés de Graciela Schifrin Lorenzano

¿Qué es una cartera? Es un mediador que se oculta. A diferencia del monedero o la billetera,que suelen contener dinero y tarjetas de crédito, la cartera reúne objetos que también sirven para el intercambio social pero son menos abstractos: peines y cepillos para el pelo, lápices para escribir y otros para pintarse, espejos, perfumes cartas. O sea medios para comunicarse que trabajan sobre el cuerpo y sobre el cuerpo de la escritura. También pueden incluir, como los monederos y las billeteras, fotos y tarjetas personales, pero en las carteras esas imágenes de los otros y sus direcciones se entreveran con ese arsenal de recursos de belleza, de arreglos de lo que cada uno puede arreglar de uno mismo para presentarse y comunicarse, para seducir y ser recordado. Pero ese arsenal, como en las guerras, va escondido.

Las carteras se diferencian también de las valijas, que suponen viajes más largos, y de los portafolios que custodian papeles de trabajo.

Son contenedores más íntimos y para viajes cortos. Cuando se usan junto a la valija o el portafolio, las cateras se distinguen porque alojan lo privado, lo que tiene que ver con el propio cuerpo y con sus partes más resguardadas. No se envía la cartera en la bodega de un avión, y cuando debemos entregarla para que pase un momento por la cinta que controla con rayos X nuestro equipaje sentimos como si una parte nuestra se desprediera y fuera examinada impúdicamente en ese instante interminable. Hay cierta obscenidad en esa pantalla que exhibe para los policías del aeropuerto o del banco y para públicos anónimos, los recursos con que nos arreglamos para comunicarno, los recuerdos de encuentros ocultos.
Las carteras de Graciela Schifrin Lorenzano exacperan con serenidad esos rasgos. Son de madera y están cerradas. Duras, compactas, impenetrables. Son carteras sin cuerpos, que no permiten imaginar lo que podría viajar adentro. De diferentes colores, con manijas, graciosas, silenciosas y elocuentes en esa tensa espera.

Carteras-esculturas. Parecidas a las estatuas, de las que Julio Cortázar escribió que son como las esperanzas, que hay que ir a verlas, porque ellas no se molestan. Hay que atravesar un largo corredor, subir la escalera, internarse bien al fondo, toda una Reconquista de los 761 de los secretos exhibidos y escondidos al final del pasillo. (García Canclini hace aquí alusión metafórica a la dirección de la Galería Arcimboldo)

Carteras-esculturas, escalera, cultoras de la impavidez de la madera, madura para mostrar sin exhibir, simplemente para dejar ver el ritmo de sus vetas y nudos. El pliegue del cierre sobre su base es como una veta más, integrada al cuerpo del objeto.

Alrededor de las carteras, corsés. Cerrados por otros o para otros. ¿Qué pueden tener para guardar? ¿Cómo saberlo, si no los dejan comunicarse, recibir vidas? Los corsés son cuerpos sin carteras, no tienen dónde guardar sus cosas, ni piernas para desplazarse a buscarlas, ni cabezas para imaginarlas. Cuerpos reprimidos o ensimismados.

Por otra parte, carteras abandonadas, amontonadas, redondas, rectangulares, cuadradas, de geometrías irregulares. Inactivas, pero no por estar en exhibición, sino porque sus dueñas ya no están. Signos de catástrofes, ruinas de vida. Ni siquiera abandonadas en una mesa o en un ropero, sino desperdigadas en torno de un sillón vencido, que podría ser también un árbol tronchado.

Sólo enuncio aquí unas pocas líneas de interpretación de esta convivencia entre carteras elegantes y abandonadas, carteras y corsés, moda y moldes, entre accesorios para la seducción y para el sojuzgamiento. No evito señalar lo que esta aproximación tiene de metáfora sobre la coexistencia y los desencuentros, en la trama social, en nuestro país y en tantos otros, del lujo y el desamparo.

Vistos así, carteras y corsés trascienden su condición de accesorios. Los accesorios pueden ser pensados como algo superfluo o ocasional, y también como lo que facilita acceder. ¿A qué? Por las carteras y los corsés, artefactos que se juegan infinitas tensiones, comunicación y encierro, pasan constantemente las historias más íntimas y más públicas de este mundo. Revelarlas, elucidarlas sin mostrarlas, mostrar las resistencias y los nudos, son tareas de un arte que explora la interacción entre hombres y mujeres, entre mujeres y mujeres, entre las miradas que los hombres intercambian a propósito de las mujeres, para indagar los cruces que vibran más allá del dinero y las tarjetas de crédito.